Varias son las razones que me mueven a escribir este libro. La primera es el dolor que me ha causado ver a cientos de ministros de Dios en las naciones, en total orfandad espiritual.
Ellos, se esfuerzan, se entregan hasta el cansancio y hasta la muerte, pero están solos, literalmente huérfanos de padre espiritual.
La segunda razón es, por la pena que me causa el ver y oir a tantos líderes espirituales ignorar la señal mas elemental, imprescindible e irrenunciable de un apóstol; el ser un padre en la iglesia.
La tercera razón es un asunto personal. Es mi deseo de que la mutltud de hijos espirituales de ministros ingidos despierten a la realidad de su herencia.
Esta es la hora de los herederos fieles. Dios se propone ipartir a muchos una doble porción de la unción profética y apostólica que ha depósitado en sus progenitores en el ministerio. Sé que el lector disfurtará de las páginas de este libro Amén
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