A través de años de ministerio he visto a muchos hombres de Dios cometer grandes errores al inicio de sus ministerios, todo por falta de entendimiento con respecto a lo que es la cobertura ministerial; la gracia ministerial y la unción, la cual les ha llevado en la mayoría de los casos a hacer daños irreparables a la obra del Señor, y a las almas que Dios les ha encomendado ministrar.
Por falta de conocimiento sobre las verdades bíblicas acerca de la Autoridad Espiritual, las diversas unciones propias de cada ministerio y los métodos divinos para delegar esa unción; han surgido grandes divisiones en la Iglesia del Señor, malos testimonios y lo que es mas triste, se han colocado evangelistas, profetas o maestros a hacer la obra de pastores, desde luego sin llamado ni unción de lo alto para ello, como resultando congregaciones sin visión, sin poder y sin vida del Espíritu, así como ministros frustrados que con un poco de guianza y sabiduría habrían alcanzado insospechadas alturas en el campo glorioso del Ministerio de la Palabra.
Nace en medio de muchas inquietudes como éstas, el tema “La Unción Delegada”; entregando a mi persona por la gracia del Maestro de maestros, El Espíritu Santo, cuando más necesitaba entender y enseñar estas verdades a la congregación que dirijo.
Después de mas de dos años de vivirlo y ver a Dios obrar sus maravillas en medio de los creyentes, provocándoles a una mayor sumisión y obediencia, instándoles a un mayor respecto hacia los ministros que les presiden, es que lo entregamos a la Iglesia del Señor, para ser meditado y experimentado.
Que el Dios de la multiforme sabiduría os de espíritu de revelación, sabiduría y conocimiento, para comprender las inescrutables riquezas de su Santísima Palabra. Amén. |